Por qué enseñar hábitos verdes a los pequeños

Por qué enseñar hábitos verdes a los pequeños

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Estas efemérides como el Día del Agua siempre me hacen reflexionar. Así como el Día de la madre o San Valentín, son fechas que se deberían celebrar durante todo el año, ¿o solo el 22 marzo nos importa el agua?

 

No soy Leonardo DiCaprio ni embajadora de la WWF, pero viendo paisajes como el Salto Ángel, Los Roques, el Everest o el Gran Cañón, entre muchísimos otros, ¿quién no quisiera hacer lo mínimo para cuidar el ambiente

 

Ahora que soy mamá pienso aún más en el planeta tierra. Primero, porque ella también es madre. Y a pesar de que nos llenó de regalos, sus hijos la maltratamos, sin darnos cuenta de que el daño nos lo hacemos a nosotros mismos.

 

Segundo, porque no quisiera ver a #BabyNachito en alguna escena de “El Día Después de Mañana” o de “Wall-E”. Los desastres naturales que pueden acabar con la tierra pueden pasar mañana, dentro de 10 años o en el próximo siglo. Sea como sea, puede afectar a mi hijo, o a sus hijos, o a los hijos de sus hijos.

 

Una de las mejores maneras de preservar el ambiente es enseñándole a los pequeños a amar, cuidar y respetar a la madre tierra. Pero cómo lograrlo en una generación que nació en la tecnología. ¿Negársela como si no existiera? Imposible.

 

Antes criticaba a las mamás que dejaban a los niños con la tablet de niñera. Ahora escribo este post desde mi smartphone mientras mi hijo juega con mi (su) iPad.

 

Soy de redes sociales por profesión, de blog por hobby y no puedo vivir sin mi celular. ¿Cómo negarles tecnología a los niños? Sí creo que hay que dejarlos aprender lo bueno de ese mundo digital, después bajo supervisión, con horarios, con normas. Después de todo, es el futuro. Pero también hay que enseñarles ensuciarse de tierra.

 

Antes de enseñarle a reciclar o a apagar las luces que no está usando, hay que enamorarlos de la tierra, del agua, de las plantas, de los animales, de la luz de las estrellas, del viento en los árboles, de las olas del mar y hasta de su gente.

 

Primero nos tenemos que conectar con el suelo que pisamos, especialmente en este pedacito de tierra bendecido por Dios llamado Venezuela. Todo lo demás, simplemente fluye.

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